Envidia. Envidia que no es sana, odiar tu libertad y mi prisión. Llorar, echar chispas y contener un grito, miles. Frustración. Buscar el reemplazo por ser infantil, buscando así el camino hacia el cambio. Me estoy equivocando y lo sé. El cambio, lo inevitable. Soy infantil, todavía soy un niño. Y lo odio profundamente. Una lucha descarnada dentro de mi cuerpo. Y no poder descargarse.
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