Dale, no llorés... ¿Sabés quién tendría que llorar? Tu abuela. Pobre tu abuelo, eso sí es como para ponerse mal. Ay, cuando te esperábamos nos poníamos tan contentos de todo. Me dijeron que es la época. Sí, andá, decíselo a tu padre, que además de eso, por lo que pasó ya vuelve de laburar cada vez con menos pelo. Dicen que es el estrés. No creo, a mí no me pasa. Ay, mi amor. Cada vez más lindo vos, ¿eh? No, no, otra vez no, no llorés. Tenés los mismos ojos que Tute. Me decía que ibas a ser mujer. Por ahí se hubiera puesto menos celoso. Ay, tu padre, tu padre. Le voy a decir que se ponga a hacer ejercicio. Tiene más panza, ¿no? Igual no le voy a decir que deje de comer, tampoco. Tenés razón, mejor no le digo nada, a ver si se enoja y me deja sola. Pará de llorar, dale… El miércoles vamos a ir a ver al tío. Por ahí te regala algo. Eso sí, pañales no. Basta de pañales, ¿no pueden ser más originales? Como que hasta bronca me da, a veces. Y cuando te dicen “Ay, linda, ¿ya te agarró la depresión?” con esa cara de quien quiere quedar bien y no le sale, o que se compadece. Hay cosas más terribles, por favor. No llorés más, Tomi. Sí, normal dijo el doctor. Y las viejas por la calle, todo el tiempo, “Dios lo guarde, Dios lo guarde”. Y mamá, “gracias”. ¡Como si tuviera algo grave! No pasa nada, Tom, no llorés.
Es genial
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